LESBIANAS VISIBLES, ACTIVAS Y CON DERECHOS

En este momento estás viendo LESBIANAS VISIBLES, ACTIVAS Y CON DERECHOS

UGT Servicios Públicos – Junio 2026

IMPRESCINDIBLES JUNIO 2026: Lesbianas visibles, activas y con derechos.

De la invisibilidad a la visibilidad velada

Lesbianas, trabajo, memoria y ciudadanía en la España actual

Durante siglos, el relato de las relaciones entre mujeres fue prácticamente inexistente. El mandato patriarcal negaba el deseo de las mujeres, acotando su sexualidad al placer del varón y a la procreación. En el imaginario de una cultura en la que la mujer era considerada un ser incompleto que vivía por y para el varón, la idea de la atracción entre mujeres resultaba irrisoria. Por eso, durante siglos, apenas existió preocupación ni prevención ante esta posibilidad. Las mujeres que amaban o mantenían relaciones afectivas con otras mujeres quedaron prácticamente invisibilizadas por la historia oficial. A diferencia de los hombres homosexuales, perseguidos con mayor frecuencia por leyes religiosas o penales, las lesbianas quedaron muchas veces fuera del relato público porque la sexualidad femenina, sencillamente, no era considerada activa, relevante ni autónoma.

Esta invisibilidad explica que, desde los poemas de Safo en la isla de Lesbos en la Antigüedad hasta las relaciones intensas y duraderas entre mujeres conocidas posteriormente como “matrimonios románticos” o “bostonianas”, muchas mujeres construyeran vidas compartidas, afectivas y económicas junto a otras mujeres. Durante siglos, esas relaciones pudieron permanecer relativamente ocultas porque ni siquiera encajaban en las categorías sexuales dominantes.

No fue hasta el siglo XIX cuando las relaciones entre mujeres comenzaron a ser nombradas como “desviación”, “anormalidad” o “patología”. La medicina psiquiátrica y moral empezó entonces a clasificar y vigilar las sexualidades que escapaban de la norma heterosexual. A diferencia de otras persecuciones basadas en códigos penales explícitos, muchas lesbianas fueron encerradas en psiquiátricos, sometidas a tratamientos médicos, recluidas en conventos o castigadas mediante el control familiar y social. La represión operaba muchas veces desde el silencio, la vergüenza y la invisibilidad.

En España, debido al régimen franquista, la organización colectiva de lesbianas fue muy tardía. No fue hasta 1981 cuando surgió en Madrid el primer colectivo específicamente lésbico, poco después seguido por grupos en Barcelona. Las lesbianas participaron activamente en el feminismo de la Transición y contribuyeron decisivamente a una idea fundamental: las mujeres también teníamos derecho al deseo, al placer y a decidir sobre nuestra propia sexualidad. Aquella reivindicación rompía siglos de negación del cuerpo y de la autonomía sexual femenina. El camino no fue fácil. Como ejemplo, en la Puerta del Sol de Madrid, dos mujeres fueron multadas en 1986 tras besarse en público, un episodio que simbolizó hasta qué punto la libertad formal convivía todavía con la sanción social y policial hacia las relaciones entre mujeres.

La aprobación de la Ley 13/2005 marcó un antes y un después en la historia democrática española. Por primera vez, las parejas del mismo sexo pudieron acceder al matrimonio civil con plena igualdad jurídica. España se convirtió así en uno de los primeros países del mundo en reconocer este derecho, situándose a la vanguardia internacional en derechos LGTBI.

Esta norma supuso el acceso real a derechos civiles, familiares, laborales y sociales históricamente negados. La ley reconoció a las parejas lesbianas exactamente los mismos derechos y obligaciones que a las parejas heterosexuales: herencia, pensión de viudedad, nacionalidad, residencia, prestaciones y protección familiar.

Uno de los cambios más importantes se produjo en el ámbito de la filiación y la maternidad. Las parejas de mujeres pudieron adoptar conjuntamente y avanzar hacia el reconocimiento legal de ambas madres en los procesos de reproducción asistida. Este aspecto fue esencial para garantizar seguridad jurídica a miles de familias y evitar situaciones de desprotección para las criaturas y para una de las madres.

En el terreno laboral, la igualdad jurídica ha transformado muchas situaciones cotidianas, como el acceso en igualdad de condiciones a permisos retribuidos por matrimonio, licencias por hospitalización o fallecimiento de la cónyuge, excedencias por cuidados, pensiones de viudedad, beneficios sociales de empresa y cobertura sanitaria familiar. Muchos convenios colectivos y normativas internas tuvieron que adaptarse para incorporar el reconocimiento de las familias diversas.

La legislación posterior amplió además la protección frente a la discriminación. Normas como la Ley 15/2022 de igualdad de trato y no discriminación reforzaron la prohibición expresa de discriminar por orientación sexual en el acceso al empleo, las promociones, las condiciones de trabajo o el despido. También se extendieron los protocolos frente al acoso y la violencia discriminatoria.

Sin embargo, la igualdad legal no ha eliminado completamente la desigualdad real. Muchas personas siguen ocultando su orientación sexual en el trabajo por miedo a comentarios, represalias o limitaciones profesionales. Esta invisibilidad continúa siendo especialmente fuerte en determinados sectores masculinizados, en pequeñas empresas o en entornos rurales y conservadores.

En algunos espacios laborales persisten todavía bromas lesbófobas, sexualización, cuestionamiento de la maternidad lésbica o actitudes paternalistas que no siempre se identifican como violencia discriminatoria.

Otro problema importante es la desigual en la aplicación de los derechos. Aunque la legislación estatal reconoce plenamente la igualdad, todavía existen empresas, administraciones o convenios colectivos que no han incorporado adecuadamente la diversidad familiar en formularios, permisos o protocolos internos. La burocracia continúa arrastrando, en ocasiones, modelos familiares heteronormativos.

El camino recorrido es importante, pero las conquistas legales no han normalizado plenamente las relaciones entre mujeres. Seguimos habitando, en muchos casos, una especie de “visibilidad velada”. En el ámbito laboral todavía es frecuente medir cuánto compartir sobre la vida personal o familiar. Hablar de la pareja, solicitar un permiso matrimonial o participar en espacios sociales de la empresa no siempre se vive con la misma naturalidad en todos los entornos. Del mismo modo, en escuelas infantiles y otros espacios educativos continúan apareciendo formularios y dinámicas pensadas desde modelos familiares tradicionales, lo que obliga a muchas parejas de mujeres a tener que aclarar o explicar su realidad con más frecuencia que otras familias.

Las mujeres lesbianas mayores representan además una realidad especialmente invisibilizada. Muchas vivieron décadas enteras ocultando sus relaciones, compartiendo vida con otra mujer sin reconocimiento legal ni social. Algunas fueron consideradas simplemente “amigas” o “compañeras de piso”, incluso después de convivir toda una vida. Hoy, muchas afrontan la vejez con soledad, escasos referentes específicos y miedo a volver al armario en residencias o espacios asistenciales.

Hemos avanzado enormemente, pero la igualdad real todavía no está plenamente conquistada. El reto pendiente no es solo conservar derechos, sino construir una sociedad donde ninguna mujer tenga que ocultar a quién ama o desea para sentirse segura, respetada y reconocida.

Por todo ello, desde UGT Servicios Públicos presentamos la campaña Lesbianas visibles, activas y con derechos, y así se llama el IMPRESCINDIBLES de junio de 2026.

Fruto de nuestro análisis y experiencia sindical planteamos 8 propuestas para garantizar los derechos de las lesbianas y se plantean también reivindicaciones para lograr los avances necesarios.

MANIFIESTO 11/JUNIO/2026

9/JUNIO/2026

Con motivo del Día Internacional del Orgullo LGTBI, 28 de junio de 2026, desde UGT Servicios Públicos presentamos la campaña “Lesbianas visibles, activas y con derechos”

Este mes de junio, desde UGT Servicios Públicos queremos situar en el centro del debate social, sindical e institucional la situación económica y laboral de las mujeres lesbianas.

La situación económica de muchas mujeres lesbianas sigue marcada por una mezcla de desigualdades que se acumulan: la brecha de género, la discriminación laboral y la presión de unos roles de cuidado que todavía recaen, en gran parte, sobre las mujeres. Todo esto se traduce en vidas más precarias, más inestables y con menos margen de maniobra.

No es casualidad que muchas mujeres lesbianas hayan tenido que vivir en alojamientos temporales, de emergencia o directamente en lugares que no son adecuados como vivienda. La precariedad económica está muy presente: casi un 20% de las lesbianas tiene ingresos inferiores a 1.000 euros al mes. Si miramos los datos con más detalle, el 17,6% de las mujeres lesbianas está en este tramo de ingresos, frente a menos del 9% de los hombres gays. 

La pobreza también golpea más fuerte a las mujeres. En hogares sin hijos, el 15,7% de las mujeres es pobre, frente al 11,3% de los hombres. Y cuando hay hijos, la brecha se dispara: un 33,1% de las mujeres es pobre, frente al 24,6% de los hombres. 

En el caso de las madres lesbianas, la situación tiene matices propios. Aunque también sufren una penalización económica cuando llega un hijo, esta es menor que la que experimentan las madres heterosexuales. En las parejas de mujeres, la madre gestante pierde alrededor del 13% de sus ingresos, y su compañera un 5%. Aunque, con el tiempo, ambas se recuperan más rápido y de forma más equilibrada. 

Aun así, la maternidad en parejas de mujeres implica costes añadidos: reproducción asistida, trámites médicos, incertidumbres legales. Y, además, muchas acaban buscando trabajos con horarios flexibles —por horas, por temporadas, con contratos cortos— para poder compaginar cuidados y empleo. Pero esa flexibilidad tiene un precio: menos estabilidad, menos posibilidades de ascenso y más precariedad.

También están las redes de apoyo, ya que muchas lesbianas construyen familias elegidas que funcionan en lo cotidiano, pero que no existen a ojos de la ley. Y eso, cuando hablamos de permisos, ayudas o derechos laborales, es un inconveniente.

En el mercado laboral, la desigualdad sigue siendo evidente. La tasa de desempleo entre mujeres es más alta que entre hombres, tanto en la población general como dentro del colectivo LGTBI. En 2025, la diferencia dentro del colectivo era de casi seis puntos, mucho más que en la población general. Y la idea del pink money, ese supuesto poder adquisitivo del colectivo LGTBI, no representa en absoluto a las lesbianas. Ese perfil (hombres, urbanos, sin cargas familiares) deja fuera a muchas mujeres que viven una doble brecha: la de género y la de orientación sexual.

Por otro lado, se estima que, alrededor de un 40% de mujeres lesbianas, ocultan su orientación sexual en sus centros de trabajo, teniendo consecuencias fatales: por un lado, el control permanente de la información que se da y se oculta trae consigo, en ocasiones, problemas de ansiedad y estrés, que pueden derivar en problemas en el sistema musculoesquelético. Por otro lado, se produce la que quizá sea la expresión máxima de lgtbifobia en los centros de trabajo y es la renuncia voluntaria a derechos sobradamente consolidados, especialmente los que tienen que ver con la conciliación, como la renuncia al permiso por matrimonio o al permiso por hospitalización del cónyuge.

Este ejercicio de ocultación de produce para evitar ambientes laborales hostiles, en los que las lesbianas pueden ser víctimas, al igual que el resto del colectivo, de violencias verbales y físicas y, concretamente ellas, también pueden sufrir violencias sexuales con carácter correctivo.

Muchas mujeres lesbianas están especialmente expuestas a los vaivenes económicos: trabajos precarizados, más desempleo, más dificultades para promocionar. Aunque algunas parejas de mujeres reparten mejor los cuidados, eso no cambia el problema de fondo: el sistema sigue penalizando a quien cuida, y las mujeres siguen cuidando más.

Mientras las trabajadoras lesbianas sigan enfrentándose a la invisibilidad, la precariedad y la discriminación, no habrá igualdad real en los centros de trabajo.

En consecuencia, nuestra campaña Lesbianas visibles, activas y con derechos de junio de 2026, pretende contribuir con dichos objetivos.